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TODO TIEMPO PASADO FUE MEJOR

Opinión

TODO TIEMPO PASADO FUE MEJOR

Decir que todo tiempo pasado fue mejor, aplica para el periodismo que se vio y escuchó en los noticieros de televisión de los años 80 y 90, aunque los sucesos no eran positivos ni halagadores, existían formatos muy bueno y excelentes periodistas.

www.canicaradio.com quiso evocar estos tiempos y replica un escrito a manera de relato crónico que hizo la periodista Arritokieta Pimentel Irigoyen.

 

El Noticiero Nacional, que se quedó en la memoria de los colombianos

Llegábamos a la redacción con audífonos y enchufados como los muchachos de hoy en día. Claro, pero no con un celular, ni con un Iphone. Era un radio pequeño donde sintonizábamos las noticias de la mañana. Las emisoras radiales eran nuestras principales aliadas. Y así, un equipo conformado por periodistas como Oscar Galvis, Vicente Silva, Carmelo Castilla, Luis Alejandro Medina, Carmenza Jiménez, Diana Sofía Giraldo, Adriana Ayala, Hernán Estupiñán, Lucho Parra, Chucho Martínez, Margaret Ojalvo, Alejandra Balcázar, Diana Sigüenza, Any velasco y Oscar Ritoré, (por lo menos en la época que yo viví), se hacía  Consejo de Redacción

Con los Directores Javier Ayala y Gabriel Ortiz y el jefe de Redacción Daniel Coronell, planteábamos los temas y sobre todo, lo que nos contaba la gente que llamaba al teléfono rojo del noticiero para hacer sus denuncias. Otro invento más. Era una redacción que yo consideré siempre como una ‘piña’. No importaba quién tuviera la noticia, el hecho era tenerla. Y con corresponsales en Barranquilla como Esmeralda Ariza; en Cartagena, Mabel Vargas; en Cali, Pilar Hung; en Medellín, Félix de Bedout, en Bucaramanga Marcela Durán, el Noticiero Nacional cumplía su misión. Ser un noticiero de toda Colombia. Lo de los nombres raros de los periodistas, jamás fue buscado. Fue fruto de una casualidad que se volvió genial, ya que la gente identificaba perfectamente al responsable de los informes. Fuimos además motivo de burla en Sábados Felices (programa al cual le agradezco) que hacía la pantomima del Noticiero Nacional todos los sábados y me imitaban con el seudónimo de “Estése quieta su Mercé”  junto con otro periodista: “Caramelo de Vainilla”.

A Gabriel Ortiz, uno de los directores, se le ocurrió un día la idea del viajero.  Logró que un Renault nueve cubierto de calcomanías con los símbolos del noticiero, llegara a los sitios más inhóspitos de nuestro país, para hacer crónicas positivas en los territorios más violentos. La intención radicaba en poder evidenciar que en nuestra nación, a pesar de las adversidades, la gente siempre ha salido adelante.

Era una época brillante. En el set estaban Max Henríquez “El hombre de los meteoros”, como lo bautizó José, el propio José Fernández Gómez y Adolfo Pérez. Expresiones como la cosa política, el costalado de noticias deportivas, venían de la genialidad de José Fernández que abría siempre el Noticiero diciendo: -“Buenas, Buenas. Los periodistas del Noticiero Nacional y su vocero José Fernández Gómez les contamos lo qué está sucediendo”-.

Y así con una redacción de periodistas comprometidos bajo la batuta de Javier, Gabriel y Daniel, este informativo logró el rating de Nielsen más alto en la historia colombiana. Recuerdo que estaba anotado en una hoja rayada amarilla que Javier Ayala pegaba en la pared donde estaba ubicada la redacción, con el fin de  animarnos más en esa misión de ser reporteros.

Estoy hablando de la época de los noventa tiempo en el cual fuimos testigos de sucesos como los asesinatos de los candidatos presidenciales, la bomba del DAS, la bomba en el avión de Avianca, de la persecución a Pablo Escobar y todo el cartel, de la guerra del Golfo Pérsico…”

Un tiempo convulsionado donde como reporteros llegábamos a los aeropuertos con el material en casetes de tres cuartos para enviarlos recomendados con pasajeros  o con el propio piloto. Época de las microondas donde se llegaba a las oficinas de Telecom y desde allí se enviaba el material noticioso. No teníamos celulares. A duras penas llegamos al bíper o radio teléfono. A veces desde cabinas telefónicas o desde la casa de un buen vecino nos comunicábamos o simplemente no lo hacíamos y llegábamos corriendo al noticiero donde todos, incluidos los directores y jefe de redacción, vivían la adrenalina de la reportería.

El símbolo más querido era el Viajero del Noticiero Nacional, que cubrió hasta vueltas a España, cuando los escarabajos con la camiseta del Café de Colombia conquistaban el mundo con sus triunfos y enorgullecían a un país ávido, en esa época, de noticias positivas. Nos rotábamos y sacábamos de esa gente querida las más espectaculares historias y crónicas. Nunca me voy a olvidar de la historia de Hernán Estupiñán que reunió a Matilde Lina y al maestro Leandro Díaz para recrear, de manera periodística, la leyenda de este vallenato: “Matilde Lina”. Se ganó el premio Simón Bolívar.

Cuando Daniel Coronell pasó toda una noche con los pensionados del Seguro Social para mostrar los turnos y las colas extenuantes que hombres y mujeres de la tercera edad tenían que hacer para cobrar su mesada. También se ganó el Simón Bolívar. Yo la vaciada del Director del Seguro pues me enviaron a cubrir su reacción a ese informe que aún guardo en la memoria por su  seriedad  y humanismo ; el regaño fue monumental. O cuando tumbaron al general Manuel Antonio Noriega en Panamá, preocupados por Diana Sofía Giraldo, pero más preocupados para que pudiéramos rescatar su material periodístico. Era valiente, arriesgada y sobre todo muy buena periodista.

Recuerdo con nostalgia esos recorridos por las inundaciones en Córdoba, en Antioquia, siendo testigo de la desgracia de los damnificados, escenas que hoy en día también se repiten. O el viajero atravesando la marcha campesina en los Llanos Orientales, como si este carro, reconocido por todos, fuera la garantía de unos y otros. También motivo de retenciones por parte de grupos ilegales pero esa es otra historia…

O cuando íbamos a los barrios y escuchábamos a la comunidad. Recuerdo que en Barranquilla pusimos una línea telefónica a disposición para que la gente se comunicara y nos contara sus historias, denuncias, etc.  Carmelo Castilla contestó y en el otro lado le dijeron: -“¡En un barrio de Barranquilla hay un perro que habla!”-. Por supuesto jocosamente Carmelo se lo contó a Gabriel Ortiz y el director le contestó: -“Tiene que ir, qué tal que le hable a otro noticiero”-. Lo afirmó tan serio, que aún seguimos pensando si estaba hablando de verdad o nos estaba tomando del pelo, pues él se caracterizaba por su buen sentido del humor

Cubrir la guerra del Golfo Pérsico con Néstor Morales, quien llegó como periodista para ese entonces,  fue genial. Teníamos la antena parabólica donde se bajaban las imágenes del satélite. Aprendimos a conocer a Sadam Hussein, a los misiles  Scud, todo en imágenes. Fue un cubrimiento de reportería –digámoslo- televisivo.

Fue original también Roberto Tovar que cubrió por primera vez la llegada de las ballenas jorobadas en el Pacífico o sus crónicas de los murciélagos, era el primer periodista -considero yo- medio ambiental que hubo en Colombia, y que logró realizar crónicas tan reales que un día salió hasta perseguido por abejas.

Uno de los momentos más impactantes y fuertes,  fue el día del asesinato de Luis Carlos Galán. La mayoría de la redacción incluido José Fernández Gómez se había trasladado a Barranquilla para cubrir el partido de la Selección Colombia. Estamos hablando de la época de Maturana,  el equipo de Higuita, el Pibe y Rincón. Carmelo Castilla y Daniel Coronell, se quedaron en Bogotá con Javier Ayala. Nos enteramos de la infausta noticia en Barranquilla. A las nueve  y treinta de la noche recuerdo que Javier Ayala estaba sentado en el set dando la primicia mundial. Chucho Calderón que había trabajado en el noticiero estaba en la campaña de Galán y le entregó a Carmelo Castilla el video. Fue desgarrador.

Trabajar en el Nacional fue toda una grandeza. Era un grupo de reporteros que reaccionaba en equipo .Cuando caía la noche empezaba la acción. Había expectativa en la reunión de los tres para saber la continuidad del noticiero ¿Qué noticia abre? Y luego de develar la continuidad, Javier Ayala empezaba a escribir el libreto. Jamás me olvidaré del retumbar de las teclas de la máquina de escribir y de ese tic de romper papel y llevárselo a la boca, en la medida que iba escribiendo contra el tiempo las entradas de José. Luego de esta faena sacaba la pipa y recorría la redacción con una sonrisa de satisfacción: -“tenemos un buen informativo hoy”-. No les quiero contar qué ocurría cuando esto no pasaba o cuando nos ‘chiviaban’, es decir, que la competencia tenía algo exclusivo y nosotros no. Creo que sería mejor que se lo preguntaran a él.

Gabriel Ortiz se remangaba la camisa y todos los periodistas en el cuarto de edición con Humberto Huertas, nuestro editor, rogando para que no le quitaran minutos a cada una de las notas periodísticas. Y con habilidad Gabriel empezaba a recortar, porque los minutos en  televisión eran valiosos y la idea era que aparecieran todas las noticias. Manejaba la máquina editora y se dedicaba a ‘capar’ minutos como él decía. Hoy me divierte recordar esos momentos donde todos le gritábamos: -“¡¡¡Noooo!!!”-.

Y se montaba la ‘torta’, o sea los tres bloques del noticiero. Eran tres casetes de tres cuartos con el material que se rodaba en Inravisión. A las nueve en punto, salía en una moto el hombre encargado de llevar este material para la emisión de las 9 y media de la noche. Hoy con los trancones no lo hubiéramos logrado. Además, hoy se emite desde el estudio  ¡Imagínense donde esa moto no llegara a Inravisión! Por supuesto, con una noticia de última hora nos dirigíamos directamente allí.

Jamás dijimos nada sin comprobarlo. Era el lema de una buena dirección. Tan estrictos eran Javier, Gabriel y Daniel que sin una fuente fiable no publicaban nada. Había que estar en el lugar y comprobar. Eran jornadas a veces eternas, de mucha paciencia, para conseguir la noticia. Además no había internet. El ‘Wikipedia’ de entonces eran las fuentes reales, los historiadores, los propios autores de libros, los expertos en vivo y en directo. Y las redes sociales eran las voces de la gente que aparecía noche tras noche en un noticiero que permitía que la gente común y corriente expresara su sentir y su opinión.

Todos estábamos comprometidos con la causa. Los camarógrafos Germán Palma, como dirían de él ‘el maestro de todos’, Hollman Maldonado, Carlos Mario Rodríguez, Carlos Castellanos, Jesús Calderón, Jaime Patrón, Fernando Rincón, Luis Enrique Peralta, Frank López, Hugo Ruiz, Pedro Tibocha, y muchos que transitaron, fieles acompañantes en el cubrimiento permanente. Fue una época gloriosa, por lo menos para mí. A todos ellos y a, los que por olvidadiza no mencioné en esta crónica, mis respetos por este gran grupo que siempre consideraré mis colegas del alma.

Arritokieta Pimentel, Noticiero Nacional

 

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