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ARMERO 33 años… Más de 3 décadas abandonados y olvidados por la clase política


Rodrigo Ariza R.

“Armero ha permanecido en la indiferencia durante estos 33 años, de no haber sido por lo sucedido ese 13 de noviembre de 1985, Armero hubiera continuado desarrollándose a pesar del rumbo que ha venido tomando el país…
Los armeritas se han convertido en una sociedad de vivos muertos, la clase política solo mira hacía el norte en tiempo pre electoral y con lujo de palabras abren la boca para dejar escapar una que otra promesa que nunca se han cumplido”.

Cuando de evocar se trata, quizás los más experimentados son los armeritas, personas que tuvieron el privilegio de nacer en lo más hermoso que tuvo Colombia y al mismo tiempo tuvieron la desgracia de haber perdido a su pedazo de tierra blanca, pero a pesar de lo vivido nunca dejan de recordar con dos sentimientos que se fusionan bien: la tristeza y la esperanza…

Con señas, momentos y situaciones, la mente de los armeritas registra uno a uno los episodios ocurridos antes de ese inolvidable miércoles 13 de noviembre de 1985 y también conservan vivos los momentos acontecidos hace 33 años. Vivencias registradas en la mente de niños y jóvenes que se hicieron viejos esperando presenciar un cambio en la historia y ver transformado el pasado que de una u otra manera arruinó sus vidas…

LA TRAGEDIA DE ARMERO es la más grande catástrofe natural que ha experimentado Colombia, toda una sociedad que siempre se mantuvo unida a sus ideales y a las propuestas de desarrollo como región, en cuestión de minutos se convirtió en dolor y soledad, de las pujantes y comprometidas familias ahora cuentan sus historia los huérfanos, las viudas y viudos, las madres y padres sin sus hijos y aquellos amigos que perdieron a sus llaverías.

Ya son 33 años que han pasado con más pena que gloria, la llegada y el paso de los gobiernos de turno han dejado promesas y ninguna solución; Belisario Antonio Betancur Cuartas, Virgilio Barco Vargas, César Augusto Gaviria Trujillo, Ernesto Samper Pizano, Andrés Pastrana Arango, Álvaro Uribe Vélez, Juan Manuel Santos Calderón son inoperantes presidentes que les ha importado nada la situación de la región y las necesidades de los habitantes de Armero, estos siete gobernantes han llegado a la Casa de Nariño dejando en el aire una que otra promesa para los armeritas, mientras que ellos se hacen viejos o simplemente se mueren.
Ahora el turno de estar en el Campo Santo para conmemorar un año más de dolor y recuerdos le ha tocado al recién posesionado presidente Iván Duque Márquez, de nuevo los armeritas ponen sus esperanzas en este gobierno para que por fin se cristalicen muchos proyectos de vida y desarrollo para la región y para aquellos que aún tienen intactas las fuerzas y las ganas de trabajar y dejar un legado a las nuevas generaciones…
Del nuevo presidente no se espera un discurso bonito adornado con promesas y falacias, de él se esperan soluciones y oportunidades para todos los que sueñan con ver un renacimiento de Armero que mitigue en parte las lágrimas, la soledad y los afanes económicos.

De los miles que quedaron vivos y los que han procreado hijos que a su vez han dejado descendencia, algunos ya se adelantaron en el camino y no pudieron conocer otra verdad que no fuera la triste realidad que les tocó vivir. Hombres y mujeres que en los años después de haber salido abruptamente de su hermosa ciudad, les ha tocado vivir muchas humillaciones, experimentar muchas injusticias y ver cómo, lo que un día fue su más preciado terruño, hoy es foco de contaminación al tener operando un relleno sanitario; la idea inicial fue la construcción de una planta para tratamiento de elementos sólidos que generara empleos y progreso a las familias de la región, pero más pudo la ambición y la corrupción y sin tomar en cuenta la decisión y el permiso de la totalidad de los dolientes, lo que sería un beneficio para los armeritas se convirtió en conveniencia de unos pocos. Pero es tanto el abandono y el olvido al que está sometido El Campo Santo de Armero por parte de los gobernantes que, cualquiera sin escrúpulos ni respeto entra y sale de esta tierra para llevar a cabo rituales inapropiados, profanando la memoria y los recuerdos de miles de nacidos allí que fueron destinados para morir pero también para descansar en paz.

Hoy la ilusión de muchos armeritas es volver a levantar cimientos y construir de nuevo una casa dentro del perímetro de lo que hace treinta y tres años fue Armero, un nuevo hogar para que vivan los sueños y agonicen los recuerdos, un patio extenso donde corran y jueguen los nietos, un vecindario donde se puedan volver a entrelazar los saludos e intercambiar abrazos en fechas finalizando un año, festejando cumpleaños, días de la madre o en septiembre el festival de la amistad; volver a poblar a Armero no es una idea descabellada, es el llamado de los sentimientos que están presos en la memoria, es dar rienda suelta al diseño de los renovados sueños y volver a visualizar lo que un día proporcionó alegrías y vivencias, es hacer realidad la idea de “Volver a mi tierra para vivir allí mis últimos años”.

Tres décadas y tres años más de lo mismo, solo recuerdos y nada nuevo para ver, los armeritas sin proponérselo, siguen haciendo parte de La Sociedad De Los Vivos Muertos…