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¿Es el fútbol en Colombia, el opio del pueblo?

DIANA MARÍA Castillo / Columnista invitada

NACIÓN l 100% Deporte.  Sin duda muchos colombianos a pesar de las premisas y premuras que vivimos en el día a día, tenemos una esperanza y una chispa de felicidad con nuestra selección. Todo empezó con las eliminatorias en 2011 para Brasil 2014, cuando James, Falcao, Cuadrado, Arias entre muchos, lo daban todo en la cancha por esa clasificación. 

Muy en mi concepto personal, jamás habíamos visto una selección tan unida, de chicos tan jóvenes y con tanto amor por la camiseta. Sobra decir que ha sido una de las campañas más importantes en el fútbol colombiano, que nos dejó muy bien parados a nivel mundial; James ganó bota de oro por encima de figuras reconocidas como Messi, Cristiano, Mueller y Neymar; además de la tusa eterna que nos dejó el anulado gol de Yepes.

Algo muy curioso ha sucedido desde ese entonces en nuestro país, no solo con nuestra selección sino a través de las redes sociales. Las plataformas de opinión y conceptos, se llenaban cada vez más de bandos, los de izquierda y derecha, tirando dardos al gobierno de turno de quienes no lo apoyaban y quienes lo defendían. Estábamos en un momento crucial; la firma de los acuerdos de la Habana, donde los ánimos estaban tan caldeados que el país necesitaba un respiro y ahí es donde nuestra selección jugó un papel muy importante al darnos alegrías.

Siento en mi corazón y con mucho dolor, que en todo somos extremistas los colombianos por tanto que hemos tenido que pasar: vivimos los desplazamientos más grandes de la historia del mundo, incluso por encima de Siria; hemos sido engañados gobierno a gobierno con más desigualdad y pobreza, falta de oportunidades y corrupción, los colombianos están tan desilusionados de sus mandatarios que sin duda el fútbol ha sido un refugio, un aliciente en medio de tanto dolor. 

Es emocionante como cada vez que juega la Selección Colombia, vemos a todos vestir la camiseta por todos lados; trabajos, taxis, el del supermercado… Se tiñen nuestras ciudades de amarillo, azul y rojo por las calles, vendedores ambulantes ofreciendo banderas, camisetas de todos los colores, tallas y vuvuzelas; creo que jamás he visto tanta ilusión en los rostros de los colombianos cuando vamos a jugar un partido decisivo. 

La fe mueve montañas

Algo muy curioso y que siempre ha llamado mi atención, es como en redes sociales en los últimos años, debido a la situación actual del país y del mundo, entre esas por el COVID-19 que vino a revolucionarnos a todos nuestras costumbres y actividades cotidianas, es para muchos cuestionable si x o y jugador de la selección, no dan voz o hablan de temas políticos específicos. Las críticas por doquier son impresionantes por su “silencio cómplice” según muchos, ante los hechos y circunstancias actuales del país, le exigimos más a un jugador que a un político y lo crucificamos por no hacer activismo político o perder un partido, solo porque ganan más y por ser figuras públicas, deben sí o sí, tomar posturas. 

Pero yo veo en James, El Tigre y Ospina una esperanza más; también en Nairo, Rigo, Catherine Ibargüen, Mariana Pajón, los chicos y chicas que participan en los Paralímpicos y la Selección Femenina de Fútbol que ha venido a enseñarnos muchas lecciones de humildad referente a que las mujeres no solo podemos, sino que también sabemos de fútbol; pero ese es tema para otra columna. 

Creo firmemente que la fe mueve montañas; la selección Colombia mueve corazones, nos une como país, nos da esperanza en medio de las masacres y la desolación que vivimos el día a día con la incertidumbre de saber si es a mi quien me va a tocar vivirlo. 

Nunca se habían unido a nuestro país en un solo corazón cuando juega nuestra selección. Ahí olvidamos partidos políticos, posturas, sectarismos y desavenencias, somos un solo sentir y gritamos «gol» con todas las ganas y emoción, sin dejar a un lado el dolor que nos causa los asesinatos sistemáticos a líderes sociales, la pobreza y la corrupción que nos deja desolados porque nuestros mandatarios nos robaron toda la fe que tuvimos en ellos. 

El fútbol es unión, esparcimiento; es olvidar un poco la realidad que sigue siendo con o sin él. El fútbol agita corazones, mueve sensaciones, conquista y nos une como país; el fútbol no es para ignorantes como algunos lo tildan: el fútbol es pasión.

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